La caída de Televisión Azteca en los últimos años es escandalosa.
A nivel local, nadie los ve. Y su problema ya no es sólo de audiencia, sino de relevancia y capacidad para marcar la conversación pública como antes.
La crítica es necesaria, pero la obsesión editorial es otra cosa.
Con conductores de medio pelo, no hay día en que no terminen inventando notas contra el gobierno de Armenta porque no recibieron los dos mil millones de pesos que pidieron en contratos a cambio de no atacar.
La renuncia del locutor Carlos Martín Huerta fue el golpe que terminó de hundir a la televisora en Puebla. Con él se fueron reporteros, camarógrafos y la poca credibilidad que tenían.
Nadie los ve y ahora nadie les cree.
Según el último estudio de Confianza en Medios 2026 de Reuters, los medios con mayor nivel de desconfianza son Latinus de Loret de Mola, Tv Azteca de Ricardo Salinas y N+ de Televisa.

Una cosa es que aún los vean (tiene el 24% de alcance a nivel nacional) y otra que les crean. Alcance no significa confianza, y mucho menos influencia política automática.
Ni sus mentiras diarias han logrado sacar a Doble A del top 10 de los mandatarios mejor evaluados del país.
No han podido y no podrán doblar al hombre más votado en la historia del estado. El viejo poder de la televisora que ponía y quitaba gobiernos se acabó hace año.
Ya ni cosquillas le hacen al gobernador.
Los medios tradicionales ya fueron desplazados por las redes sociales.
Cómo extrañan los millones de Rafael Moreno Valle.
Que no se nos olvide que los tiempos del chantaje mediático quedaron atrás.
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