Cambian los personajes, pero las viejas mañas políticas parecen sobrevivir.
Fernando Manzanilla, excuñado de Rafael Moreno Valle, siempre soñó con ser gobernador: traicionó a Rafael y a Barbosa para lograrlo, pero no le alcanzó.
En ambas administraciones, se quedó como el segundo hombre más poderoso: primero como secretario General de Gobierno y después como secretario de Gobernación.
La traición jamás será la ruta correcta para llegar al poder, aunque algunos insistan en convertirla en su principal herramienta política.
El mismo Luis Miguel Gerónimo Barbosa, después de tenerlo como uno de sus hombres de confianza, lo acusó de espiar, grabar y filtrar sus actividades, además de señalarlo por presuntamente orquestar campañas de desprestigio en redes sociales.
Hoy, ya se sabe que es el maestro y guía del menos talentoso de los Gali, Ricardo. Su gurú, pues.
Esos “análisis” y ataques en redes, donde Ricardo pretende parecer intelectual y atrevido, llevan la mano de alguien que le dicta la línea, quizá entre una consulta esotérica y otra.
Como en sus tiempos Manzanilla, Gali Pobre —como lo bautizó Arturo Rueda— produce materiales falsos y anónimos contra en gobernador y su equipo.
Con todo el sello de la casa.
¿Qué pasó con los millones en cash de la partida secreta durante el gobierno de Barbosa? ¿Quién los manejó y en qué terminaron?
¿Los están utilizando en sus guerras de lodo?




