¿Debe quedar impune un insulto a la familia? Yo creo que no.
Se vale atacar, debatir y hasta insultar, pero jamás meter a los hijos, padres o esposas. Es justo ahí cuando se rebasa una línea donde ya no hay vuelta atrás.
Nunca celebraré la violencia, pero tampoco justificaré la cobardía de quienes se esconden detrás de una computadora o un teléfono para atacar lo más importante para una persona.
La calumnia, la difamación y la mentira no pueden quedar impunes. La libertad de expresión no debe confundirse con el derecho a destruir la dignidad de los demás.
Si insultas, NO te puedes hacer la víctima.
Meterse con los seres queridos, tarde o temprano trae consecuencias. Porque hay agravios que no se olvidan, palabras que dejan heridas y límites que jamás debieron cruzarse.
Pueden pasar semanas, tal vez meses, pero las cuentas pendientes tienen que saldarse.
En la política, en el periodismo y en la vida hay límites que deben respetarse.
Conmigo, lo que quieran. Con la familia, NUNCA.






