Es muuuuuy raro que los «ciudadanos» de Puebla Blanca se hayan olvidado de despintar o tapar las bardas panistas del enamorado de Genoveva Huerta y de la esposa de uno de los peores alcaldes que ha tenido la capital en la historia, Liliana Ortiz.

También sorprende que los intentos de opositores como Rafael «el Cero Votos poblano» Micalco o los mediocres conductores de Azteca Puebla no hablen de las pintas azules.

Para ellos, esas bardas no existen. No indignan, no contaminan y, mucho menos, merecen una campaña en televisión o declaración.

Señalan, incluso, los menos de 100 árboles que serán reubicados para el proyecto de movilidad más importante de la historia en el estado, el Cablebús, pero convenientemente olvidan los cientos de árboles afectados durante el Morenovallismo con Ruta o el fallido Teleférico.

Por eso ya no les creen. A ambos.

Por incongruentes.

El Cero Votos busca llamar la atención y algunos clicks, y no necesita de bardas porque siempre le han regalado la posición política donde ha cobrado y muy bien, por cierto. Lástima que no hay gubernatura o presidencia municipal pluri, porque seguro se apunta.

De los aztecos ya ni hablamos. Ya nadie les cree y ahora ya son conocidos como la Fábrica de Mentiras.

Con el peor rating de su existencia y con unos conductores de medio pelo, la televisora de Ricardo Salinas continuará la guerra de lodo contra el Armentismo.

Siguen creyendo que tienen el poder de antes, cuando hoy ya nadie les compra su narrativa oxidada.

Hipócritas y mentirosos, qué pinche combinación.

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