Por Josué Itt

De título, Idamis Pastor es la encargada de la Fiscalía General del Estado; en la operación diaria, cada vez parece más una figura decorativa.

Después del escándalo de las extorsiones a empresarios poblanos, Pastor Betancourt habría perdido buena parte de la confianza que alguna vez tuvo en la cúpula del poder en Puebla.

El negocio millonario que tenían sus compañeros de maestría y del que, según ella, no tenía conocimiento a pesar de ser su jefa, la debilitó de forma irreversible porque o sabía lo que ocurría y no actuó, o no sabía lo que pasaba dentro de la Institución que encabeza.

Perdió el control de la Fiscalía.

El último cambio que ocurrió bajo su administración y del que —faltaba más— no informó a los poblanos es el del Fiscal de la Fiscalía Especializada en Investigación de los Delitos de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita, una de las áreas más sensibles de la FGE.

Después de que saliera por la puerta de atrás a su amigo, Miguel Ángel Islas Álvarez, señalado de encabezar una red de extorsión y manipulación de investigaciones, llegó Jorge Martínez Arreguín a la posición en noviembre del año pasado, aunque su paso fue breve por su pésimo trabajo.

A ORPI ya arribó Alberto Fernández Ramos, un hombre cercano a Doble A y que no responde a los intereses de Idamis Pastor.

Por eso no hubo boletín o rueda de prensa. Un cambio relevante en una Fiscalía estratégica se escondió.

Una institución que se encarga de investigar y exigir cuentas no puede administrar sus propios movimientos desde la opacidad.

¿Qué ocultan?

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