Por Josué Itt
Doña Charito, viuda de Luis Miguel Barbosa, ya se la creyó.
O lo que es peor: la engañaron.
Que no se nos olvide que Rosario Orozco Caballero es diputada gracias y sólo a que fue esposa del peor gobernador que ha tenido Puebla. No tiene otro mérito.
Ni uno.
Debería de salir a las calles para preguntar qué opinan los poblanos de la administración de Luis Miguel Gerónimo para que entienda que el Barbosismo simboliza el periodo más oscuro que ha vivido Puebla.
Sin una sola obra digna o acción de gobierno que haya destacado, el exgobernador terminó entre los mandatarios peor evaluados de todo el país. El suyo, por mucho, fue un periodo lleno de odio y rencor.
Rosario, Verónica y Miguel no entendieron nunca que el poder termina, pero lo que perdura es lo que se hace con él.
Hoy, lejísimos de los mejores días en que se hacía todo lo que pedía, la viuda de Barbosa ha comenzado a pintar bardas con la falsa ilusión de que será candidata.
Como escribió Caro Fernández en El Popular cuando las dio a conocer: se vale soñar.

Ella, testigo en primera fila de las persecuciones y arrebatos de su esposo, guardó silencio. Y el silencio ante el abuso y el atropello es complicidad.
Que les quede claro: la administración de Miguel Barbosa, aunque pasen los años, es un lastre para la Cuarta Transformación.
Morena ya le pagó la factura al grupo del exgobernador.
Ya dejen de engañarse.
Nadie los quiere.
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