La derrota de Nacho pegó mucho en el equipo, pero más en el hoy senador.
Desde que la Cuatroté eligió al hoy gobernador Alejandro Armenta para encabezar la propuesta del segundo piso, se distanció de presidentes y diputados que consideraba cercanos, como si fueran parte de un proyecto personal.
Se equivocó.
De hecho, sólo llegó a la toma de protesta de algunos alcaldes que, por cortesía política, lo invitaron.
Después, entre la frustración y el enojo, desapareció.
Meses después, comenzó a mandar mensajes en un tono poco cordial. Incluso, en algunos casos y según los testigos que escucharon a los emisarios, intimidante.
Qué lejos están los tiempos, por ejemplo, en que Alejandro Barroso, de Tehuacán, y Omar Muñoz, de Cuautlancingo, tenían comunicación directa y constante.
Desde hace más de un año, el contacto es nulo. A Barroso lo llama traidor por trabajar con su primo Alejandro.
Su error, por así llamarlo, fue ganar y hoy trabajar institucionalmente con el gobernador.
Y así, se suma una larga lista de políticos y funcionarios que hoy parecen ubicarse entre la distancia y el desencuentro con Ignacio Mier y su reducido grupo de seguidores.
El rencor nunca es buen compañero ni una estrategia que construya futuro.
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