Como en toda guerra, siempre hay bajas. Unas más sensibles que otras, claro.
En política, siempre la realidad alcanza a quienes se confunden entre la aspiración y la posibilidad.
Esta vez y de forma prematura, se terminó el sueño de la panista Mónica Rodríguez Della Vecchia que fantaseó, por un instante, con que podía ser la candidata de Acción Nacional a la presidencia municipal.
Y peor: que podía ganar.
No imagino la desesperación de los blanquiazules que, en medio de la falta de perfiles competitivos, Mónica llego a figurar en la baraja.
Rodríguez Della Vecchia se imaginó en el senado en 2023 y ahora en Palacio, pero no tiene el tamaño para un puesto así. A duras penas pudo con su cargo como diputada local.
La panista es valiente en redes sociales, pero sus arrebatos y críticas sin fundamento contra la Cuatroté, como el ridículo de compartir una imagen del gobernador creada con IA, la han dejado fuera de la terna oooootra vez.
Otra baja, pero en Morena, es la viuda de Luis Miguel Gerónimo Barbosa Huerta, Rosario Orozco, que nada más no levanta —ni levantará—.
Igual que la exdiputada de Acción Nacional, Doña Charito pensó que los números y “el cariño” de la gente la pondrían como finalista para la alcaldía de Tehuacán, pero se encontró con la dura y dolorosa realidad. Tiene, según encuestas que este tundeteclas tuvo en sus manos, el 4% de conocimiento en el municipio vecino.
Sin la poderosa locomotora Armentista, no ganaría ni en su cuadra.
Así, como Charito y Mónica, muchos irán cayendo.
En estos tiempos, ya no basta con querer.
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