Marcos Castro – Capital Puebla https://capitalpuebla.com Noticias Reales Mon, 10 Nov 2025 05:59:57 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.4 https://capitalpuebla.com/wp-content/uploads/2022/08/cropped-favicon-32x32.png Marcos Castro – Capital Puebla https://capitalpuebla.com 32 32 Le tocaron los huevos al tigre https://capitalpuebla.com/09/11/2025/opinion/josueitt/le-tocaron-los-huevos-al-tigre/ https://capitalpuebla.com/09/11/2025/opinion/josueitt/le-tocaron-los-huevos-al-tigre/#respond Mon, 10 Nov 2025 01:04:56 +0000 https://capitalpuebla.com/?p=43013 Los panistas Eduardo Rivera, el eterno sustituto Adán Domínguez y el romántico Marcos Castro insisten en acariciarle los huevos al tigre. 

El grupito, encabezado por Lalo, continúa con una línea de confrontación directa contra el gobernador Alejandro Armenta. 

Andan muy valientes.

Castro Martínez, famoso por el video donde echa pasión en las oficinas del PAN con una mujer que no es su esposa, se atrevió a pedir la comparecencia del Vicealmirante Francisco Sánchez cuando jamás se atrevió a hablar, por ejemplo, del nombramiento como secretario de Seguridad de Facundo Rosas Rosas, vinculado con el huachicoleo y con Genaro García Luna; o del presiente panista Filomeno Cruz Gutiérrez, involucrado en transporte de diésel en una ambulancia; o de Tania Trejo, a quien se le señalan vínculos con el mismo grupo criminal responsable de la muerte de los tres policías en Huixcolotla.

Pero se nos olvida Marcos Castro no se manda solo, obedece las órdenes del que ha sido su patrón durante los últimos años y al que le debe todas las posiciones políticas que tiene: Eduardo Rivera Pérez. 

El exalcalde no supera que Armenta lo aplastó en la elección.

El grupo de Lalo no se quiere quedar solo en esta batalla que no ganarán y buscan sumar, con engaños, a panistas de otros grupos.

Como el intento para sabotear el informe de Susana Riestra el jueves pasado, donde el romántico de Marcos convocó a medios en la entrada del Congreso y, sin avisarle a sus compañeros, se lanzó contra el gobierno estatal por órdenes de Eduardo y Adán, quienes aseguran a cercanos que así lograrán la aprobación de sus cuentas públicas.

Parece que no conocen a Doble A. Se necesita mucho, pero muchísimo más que eso para presionar al hombre más poderoso del Estado.

La ruta que eligieron Eduardo y compañía no llega a buen puerto. Las decisiones tomadas desde el enojo, tarde o temprano, pasan factura. Creen que desafiar por desafiar les dará fuerza, sin medir las consecuencias.

Al tiempo.

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Para chismes, aclaraciones y ofensas: 2221601754

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El berenjenal azul: de inquisidores a carbonizados https://capitalpuebla.com/07/04/2025/opinion/cuervo-blanco/el-berenjenal-azul-de-inquisidores-a-carbonizados/ https://capitalpuebla.com/07/04/2025/opinion/cuervo-blanco/el-berenjenal-azul-de-inquisidores-a-carbonizados/#respond Mon, 07 Apr 2025 20:25:41 +0000 https://capitalpuebla.com/?p=34923 Por fin alguien alzó la voz. Augusta Díaz de Rivera, ex lideresa estatal del PAN en Puebla, denunció —con el estandarte de la justicia en alto— que había sido víctima de violencia política en razón de género. Los culpables, según su valiente denuncia: Marcos Castro, Jesús Zaldívar y otros distinguidos varones del club de Toby blanquiazul. Machismo, exclusión, mensajes que minaban su liderazgo, decisiones oscuras, todo un catálogo de prácticas que, en efecto, merecen ser erradicadas de la vida política. Hasta ahí, el libreto de heroína parecía impecable.

Pero la historia dio un giro tan inesperado como inevitable: las llamas de la denuncia empezaron a arder para todos, y cuando decimos todos, es literal. Resulta que en el mismo expediente que exhibe a los inquisidores, aparecen señales de una violencia más estructural y sistemática, una que dejó sin recursos a varias candidatas panistas que, sin un peso para campaña, compitieron con las manos atadas.

Y he aquí la ironía suprema: esa decisión —la de no entregarles dinero— se tomó dentro del mismo aparato que presidía Augusta, con posibles complicidades del secretario general, del tesorero, y sí, también de Marcos Castro. Todos, cada uno desde su respectiva silla y con su respectivo sello, pusieron un ladrillo en el muro de la violencia política institucional.

Lo que parecía una cruzada contra los patriarcas opresores del partido terminó siendo un viaje al centro del infierno blanquiazul, donde la víctima es también victimaria, el justiciero, el verdugo, y el denunciante, un probable sancionado. Porque en este enredo, todos firmaron —por acción u omisión— los cheques en blanco de la exclusión.

Y no es que lo diga el columnista de marras. Lo dicen los criterios del Tribunal Electoral: negar recursos a mujeres candidatas es violencia política. Punto. Y quien lo permite, lo consiente o lo opera, es responsable, no importa si lleva tacones o corbata, si denuncia o calla.

Lo más trágico es que todos sabían lo que hacían. Nadie ignora ya cómo funciona el reloj de la paridad. Lo que hay aquí no es ignorancia, sino una coreografía perfectamente ensayada de simulación. Por eso, lo que comenzó como una denuncia valiente ha terminado como una tragicomedia de enredos jurídicos, donde el PAN poblano luce como un berenjenal: te metes y acabas espinado, aunque jures que entraste a cosechar justicia.

Y como toda tragicomedia tiene un autor detrás del telón, el gran beneficiario de este embrollo fue el exalcalde Eduardo Rivera Pérez, candidato perdedor y eterno favorito de la élite conservadora. Porque todo ese dinero negado a las candidatas sirvió —según se desprende del expediente y de las denuncias cruzadas— para inflar la campaña que lo llevó directo al fracaso… pero muy bien financiado.

Al final, todos fueron los tontos útiles de la maquinaria del Yunque. Augusta, Marcos, los secretarios, los tesoreros… todos terminaron siendo peones en el tablero de un proyecto que hoy navega en la opacidad. La paradoja: en su intento por imponer a un candidato, desmantelaron su partido y se prendieron fuego entre ellos.

Así, como en los relatos más cínicos de la política mexicana, los inquisidores terminaron en la hoguera, no por herejes, sino por leales. Por haberse tragado el cuento, obedecido sin chistar y creído que el fuego solo quemaría al de enfrente.

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