Se piensa que entre políticos y periodistas no existe amistad.
Yo digo que sí, pero no es para todos.
Como en la vida misma, la amistad se forja, se demuestra y se da sin condiciones. Es muy sencillo querer a los que nos quieren.
Aún más fácil fingir una amistad que parte de la conveniencia.
Estoy convencido de que en el corazón no se manda y por eso un periodista es libre de entregar su apoyo a un candidato, partido o proyecto. Aunque pudiera restar credibilidad, debemos entender que detrás de los medios hay personas con preferencias.
En todos.
No soy de los que cree que la amistad con políticos y gobernantes deba quedar en el ámbito privado y lejos de la mirada del público.
Los afectos genuinos no suelen quedar en el anonimato.
También me queda claro que lo que el dinero une, el dinero lo separa.
La lista de nombres que podría poner como ejemplo es enorme.
Lo que celebro es que no todos estamos hechos con la misma madera, porque la amistad verdadera es un vínculo inquebrantable.
En ésta, faltaba más, debe haber admiración y desear lo mejor para el otro. Por eso, insisto, no todos tenemos los mismos códigos y valores ligados a la amistad, ésos que no dejan pasar a la ingratitud y a la traición.
En 4 años y medio, como al final de cada sexenio, veremos qué lazos de amistad perduran.
Al tiempo.
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