En política, el problema nunca es prometer, sino cumplir.
El presidente municipal de Tehuacán, Alejandro Barroso Chávez, tiene una deuda enorme con varios personajes —ya muy encabronados— que aportaron varios millones de pesos para su campaña.
Casi como en las películas, los paquetes de efectivo se pasaban de camioneta a camioneta, donde la esposa del hoy alcalde esperaba y sólo abría la puerta para recibirlos.
Promesas, promesas y más promesas de que cuando ganara, iba a regresarlo con creces.
Pues ni regreso y mucho menos con ganancias para los que apostaron por Barroso. Los empresarios fueron usados y traicionados.
Hay chats y audios de las negociaciones —que incluyen cantidades— con el presidente que ya dejó de contestar el teléfono a los que antes trataba como “hermanos”.
Siempre “anda ocupado” y promete regresar la llamada.
Es de escándalo lo que recibió y pidió.
Malo salió Barroso Chávez para gobernar, pero todavía peor para pagar y cumplir su palabra.
La segunda ciudad más importante del Estado hoy carece de obras y proyectos, y tiene al frente a un alcalde que recibió mucho dinero de hombres que confiaron en el proyecto y que no van a dejar pasar esta canallada.