Muy tarde, Blanca Alcalá entendió que ya no tenía nada que hacer en el PRI que tanto le dio económica y políticamente.
Casi diez años después de su derrota ante Tony Gali y la maquinaria Morenovallista, Blanca abandona un barco que prácticamente está hundido. En 2016, perdiendo ganó, porque se hizo de muchos, muchísimos recursos monetarios y su popularidad hoy la tiene —¡imagínense!— como la carta fuerte de Acción Nacional para 2027.
Dice que no se sumará a otro partido “por ahora”, pero ya no es un secreto que será la candidata de la oposición para la presidencia municipal de la capital.
Y es que en el PAN nadie serio quiere alzar la mano porque saben que no hay oportunidad de ganarle a Morena y a la locomotora Armentista que está más que aceitada y lista para la batalla.
Aunque no será un día de campo, los números duros no mienten: Alcalá, priistas, panistas y demás institutos políticos juntos no pueden contra la Cuarta Transformación en Puebla.
Ya le hablaron al oído a Blanca Alcalá, le prometieron posiciones y sabe que ésta será su última oportunidad de volver a las grandes ligas de la política poblana, pero no le va alcanzar.
Ella será la sacrificada en la próxima elección.
Alcalá Ruiz pasará a la historia como la primera presidenta municipal en la historia de la ciudad, pero no como la mujer que le ganó a Doble A.
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