“Las mejores promesas son ésas que no hay que cumplir”, canta el gran Joaquín Sabina en Yo también sé jugarme la boca, de su álbum Dímelo en la Calle.
Y tiene razón.
Se quedaron esperando —y así seguirán— más de 100 personas que trabajaron toda la campaña con Israel Pacheco.

Les prometió chamba en el Bachetón y en el Programa Estatal de Mantenimiento Permanente. Presumió antes, durante y después de la elección que era cercanísimo a Doble A.
A Pacheco le interesaba quedar bien con el hoy gobernador, así que empezó a prometer posiciones a los brigadistas que lo acompañaron por varios meses, con la promesa de conseguir un empleo bien remunerado en la Administración Estatal a cambio de apoyar.
Ya en el Gobierno, al ex líder sindical lo exhibieron cuando aseguró que usaba media tonelada de mezcla asfáltica por bache y, algunos medios, hasta lo mencionaron como posible candidato a la alcaldía de la capital.
No le dieron los números ni para la candidatura ni para los baches.
Para lo que sí le alcanzó fue para mandar columnas para golpear a la Administración Estatal que alguna vez le abrió las puertas y pidió a su gente viralizar los contenidos.
A ver qué otra mentira les dice a los brigadistas que continúan sin chamba.
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