La presidenta Claudia Sheinbaum, en sus declaraciones de fines del año pasado e inicios del presente, afirmó que el envío de petróleo a la isla de Cuba desde México, no se detendría ya que una parte de este formaba parte de los tratos comerciales y la otra como ayuda humanitaria al país, y que el envío se hacía incluso desde los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto y se mantuvieron en menor cantidad en el sexenio de AMLO.
Sin embargo, durante el primer año de gobierno de Sheinbaum se incrementó el volumen de los envíos de petróleo, en forma significativa, sin que la presidenta a la fecha haya transparentado los datos del contrato que México tiene con Cuba para entregarle petróleo. ¿Cuál es el precio en que se le vende?, ¿cómo se determina el porcentaje que es para venta y cuál se envía como ayuda humanitaria?, ¿por qué México se preocupa por la situación del gobierno de Díaz-Canel que representa una dictadura y por ello merece ser apoyado y no por otros países con peores niveles de pobreza como Haití por ejemplo?
Las respuestas de la presidenta a dichas interrogantes han sido evasivas y con argumentos falaces como los que dio en su conferencia del pueblo del pasado 12 de enero:
“Le preocupa mucho al Reforma, a la oposición. Y si está la información. Pero así al pueblo de México como que le preocupe mucho, no. Porque hay petróleo suficiente, hay gasolina, hay diésel, hay todo el combustible necesario. No aumentó el precio. Decían que iba a aumentar y no aumentó. Tenemos un acuerdo con los gasolineros. Por supuesto que la información se puede dar, no hay problema. Lo importante primero es que se sepa que es una ayuda que se viene dando desde hace tiempo.”
En resumen, con su declaración, la Presidenta da por sentado que los mexicanos somos muy felices de saber que nuestro gobierno sin pedir la aprobación de nadie ha decidido dar “ayuda humanitaria” a una dictadura como lo es la cubana, aunque los beneficios de dicha ayuda sólo sean para los dirigentes del partido en el poder y sus familias y no para el pueblo cubano que se encuentra sumido en la pobreza y marginación.
No puede considerarse válido el hecho, de que la ayuda a Cuba también la dieron los expresidentes Fox, Calderón, Peña Nieto y López Obrador, para argumentar que por ello era una acción avalada por los ciudadanos mexicanos, cuando millones de ellos, ni siquiera estaban enterados del regalo que hicieron los expresidentes, de recursos del país, que no les pertenecían y si se les debe llamar a cuentas por ello, nadie estaría en contra de que se aclarara su proceder y asumieran su responsabilidad.
Aún con los riesgos que significan para los intereses económicos de México y su relación con los Estados Unidos, ante el inicio de las pláticas para la revisión del T-MEC, el gobierno de la 4T, después de la captura del presidente de Venezuela Nicolás Maduro y de que por órdenes de Estados Unidos a la presidenta sustituta de dicho país Delcy Rodríguez de no enviar más buques petroleros a la isla caribeña para apoyar a la dictadura de Díaz Canel, la presidenta envió un buque de petróleo a Cuba e insistió en que se continuarían enviando debido a que Venezuela ya no lo haría.
El discurso de la independencia y soberanía de México para la toma de decisiones y que la relación de nuestro país estaba basada en la cooperación, más no en la subordinación, se vino abajo, con el decreto que el 29 de enero firmó el presidente Donald Trump por el que ordena imponer aranceles contra importaciones de países que vendan o suministren petróleo a Cuba, incluido México, ante la emergencia, que según él, representan las políticas del régimen cubano para Estados Unidos.
En el mismo texto del decreto se hacen críticas a la isla incluyendo la falta de democracia, y denuncia como amenaza los vínculos de Cuba con países rivales de EU- como China, Rusia e Irán- y sus presuntas ligas con grupos terroristas como Hamas y Hezbollah.
De persistir la orden de la presidenta de seguir enviando petróleo a Cuba, bajo el concepto que sea, como venta comercial o como ayuda humanitaria, es lógico que México podría ser sancionado por el gobierno de Estados Unidos aplicando aranceles a los productos que se fabrican en nuestro país y se exportan al vecino del norte; es decir la Presidenta debe priorizar entre ir en contra de las políticas de Estados Unidos apoyando a la dictadura cubana, o bien si deja de enviar petróleo a la isla para proteger los intereses económicos de México, evitando con ello se afecte la revisión del T-MEC y sobrellevar la relación con el gobierno de Donald Trump.
La postura de Estados Unidos de endurecimiento en contra de los gobiernos de izquierda en América Latina y de que no está dispuesto a beneficiar a los países que apoyan a sus enemigos globales como Rusia, China e Irán, es muy clara y contundente.
Por ello las decisiones de la presidenta Sheinbaum deben alinearse al nuevo orden mundial, sin importar que internamente sea duramente cuestionada por los radicales de izquierda de su partido, que por cuestiones ideológicas están dispuestos a desafiar al gobierno de Estados Unidos, sin importar las consecuencias económicas para el país, bajo la frase: “Patria o muerte”.
Veremos en las próximas semanas si las medidas de presión internacional en contra de la dictadura cubana, obligan a su gobierno a abrirse al mundo y a promover un cambio de régimen mediante elecciones libres y democráticas para una transición pacífica en bien de la población; o si persiste la cerrazón y represión del gobierno cubano para continuar en el poder a costa de lo que sea, sin importar se desate una lucha violenta o intervención extranjera en la que se pondría en riesgo la vida y seguridad de la población.